viernes, 31 de enero de 2014

El antiguo Santa Fe de México

Vista de Santa Fe de México. Casimiro Castro ca.1853. 
Por Roberto Escartín, 1991
Fundación
En 1530 llegó a Nueva España Vasco de Quiroga, licenciado en cánones que contaba con 60 años de edad y que había ocupado importantes cargos en la corte de los Reyes Católicos y fuera nombrado Oidor en la Segunda Audiencia de México.
Al observar el maltrato que sufrían los americanos decidió dotarlos de un sitio para vivir mejor, inspirado en la Utopía de Tomas Moro. El sitio elegido fue el paraje montañoso llamado Acaxúchitl (Flor de Caña) localizado a dos leguas al Poniente de la Ciudad de México.
Hacia 1532 se funda en ese sitio el pueblo-hospital de Santa Fe, poblándose por indios Otomíes y Nahuas y personas desamparadas. Dicho nombre se le puso en recuerdo al lugar donde se rindieran los Moros en España y donde Cristóbal Colón había recibido los títulos y obligaciones de sus descubrimientos.
Vasco de Quiroga pagó las tierras con su salario y logró que la Corona Española regalara al pueblo sacos de maíz para empezar a sembrar. Asimismo, el gobierno virreinal de Antonio de Mendoza mandó medir y limitar la zona en 1537, año en que oficialmente el pueblo tomó posesión de sus tierras. Dicho territorio delimitaba con los pueblos de Tecamachalco, Cuajimalpa, Santa Lucía y Tacubaya.
El concepto de Pueblo-hospital se refiere a una comunidad encargada de cuidar huérfanos, ancianos, viudas y enfermos, así como dar hospedaje a viajeros. La sociedad del Pueblo-hospital trabajaba comunitariamente y contaba con talleres para la enseñanza de oficios.  La producción del campo, consistente en maíz y trigo, se repartía entre las familias del pueblo.
El centro administrativo del pueblo era la parroquia, que contaba con enfermería, cocina, comedor y habitaciones para religiosos y visitantes. Las actividades religiosas se realizaban en la iglesia, atrio, portería y aulas. Ayudados por los agustinos, encabezados por fray Alonso de Borja, y después por clérigos seculares, el hospital prosperó en vida religiosa y actividad productiva.
El nombramiento de Quiroga como Obispo de Michoacán en 1538 lo impulsó a reproducir el esquema de Santa Fe de México en Michoacán, donde fundó varios Pueblos-hospital, sin embargo, la prosperidad y el atractivo de estas comunidades entre los indígenas le trajeron a Quiroga acusaciones de otros españoles que vieron afectados sus intereses. Quiroga viajó a la Corte donde obtuvo mercedes Reales para la exención de tributos y diezmos para los pueblos-hospital. El fundador murió en Pátzcuaro en 1565, pero los pueblos quedaron regidas por una serie de Ordenanzas que subsistieron hasta el siglo XVIII.
En este cuerpo normativo se regulaba la vida cotidiana, las costumbres, el trabajo y las labores agrícolas.  Entre los puestos de mando se encontraba el alcalde (representante civil) el cura-rector (religioso) y los mayordomos, encargados de las festividades cuya más importante fue la fiesta de la Asunción de María, el 15 de agosto.

Senderos y caminos
Por la ubicación de Santa Fe dentro del Valle de México, el sitio servía de conexión entre la Ciudad de México y el Valle de Toluca, a través del Camino Real, que comunicaba con la provincia de Michoacán.
Si nos adentramos en los bosques de Santa Fe encontraremos una Ermita, fundada por don Vasco y reconstruida en el siglo XVIII. A este paraje solitario llegó Gregorio López en 1590 para dedicarse a la meditación y el estudio de la herbolaria que tiempo después le ayudaran en la redacción de su Tesoro de Medicinas.
Otro tesoro, no menos valioso, fue el agua de los manantiales de Santa Fe. Para aprovecharla, el gobierno de la Ciudad de México mandó construir desde el siglo XVI un acueducto que condujo el agua potable sobre cientos de arcos hasta vertirla en la fuente de la Tlaxpana.  El declive y la abundancia de agua permitió el establecimiento de molinos de trigo, como el de Belén y zonas de tala para las crecientes necesidades constructivas de la Ciudad de México. Hacia 1776 el gobierno virreinal patrocinó la construcción de la Real Fábrica de Pólvora, situada en las inmediaciones de Santa Fe.
Para esta época fue necesario reorganizar las actividades del pueblo en torno a nuevas Ordenanzas, que no obstante mantuvieron las exenciones de impuestos. Fue hasta mediados del siglo XIX cuando las leyes de Reforma permitieron la venta de tierras comunales y privilegios indígenas.
Bibliografía
Aguayo Spencer, Rafael, Don vasco de quiroga: Taumaturgo de la organizacion social, Oasis, México, 1970.
Navarrete, Sylvia, Acueductos de México, Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos, México, 1996.
Warren Fintan, Benedict, Vasco de Quiroga and his Pueblo-hospitals of Santa Fe, Ann Arbor, 1979.