martes, 18 de abril de 2017

Ecos de París en la Ciudad de México


Entre 1875 y 1914 los comerciantes de origen francés experimentaron una era de auge en la Ciudad de México. En Europa, Francia vivía la consolidación de su hegemonía a partir de la proclamación de la Segunda República y la burguesía francesa se convirtió en el modelo de las élites de las sociedades post-coloniales de América Latina. Mientras Francia competía con Gran Bretaña, Austria y Prusia, en México se recibía con entusiasmo la cultura francesa y la llegada constante de inmigrantes galos transformó la vida social capitalina. Pero el inicio de la Primera Guerra Mundial marcó el fin de la hegemonía francesa en el mundo, las hordas bárbaras del Norte en México y la trágica invasión norteamericana en Veracruz llevaron al término de la Belle Époque.
La presencia francesa en el mundo se basa en el auge de la burguesía y la emigración de individuos que mantuvieron su identidad con una discreta endogamia. La consolidación de sus capitales y la extensión de sus redes comerciales permitieron la difusión de su universo simbólico entre las élites locales. Los inmigrantes atendieron al llamado de las autoridades mexicanas, necesitadas de poblar con europeos las zonas rurales. Un primer grupo llegó a las costas veracruzanas estableciéndose en la zona de San Rafael y Coatzacoalcos. Entre los que se establecieron en las ciudades destacan un grupo de judíos alsacianos y el contingente de Barcelonnettes. 1

México y Francia

Para compensar la amenaza de los Estados Unidos, el régimen de Porfirio Díaz pagó puntualmente sus deudas y buscó hacer de Europa una fuerza moderadora, con Francia como centro. Para las ideas de la época, los emigrantes franceses traerían la prosperidad a la nación mexicana. Lo que en pocas décadas se hizo realidad con las inversiones en bancos, ferrocarriles, minas e industrias textiles. Estas últimas se vincularon a numerosos negocios y produjeron sus propios tejidos de lana de cashmir. Los comerciantes de estos productos se beneficiaron de la ampliación de obras de comunicación y transportes, la fuerza del estado sobre las masas de trabajadores, la integración del mercado nacional, y la reducción del déficit comercial exterior. La red telegráfica fue de primordial importancia para la mejora de los negocios. 2
La lucha por la hegemonía de las naciones se remonta a la presencia francesa durante el Segundo Imperio, el cual benefició a determinados grupos. Los alsacianos se colocaron entre la élite de la sociedad profiriera, en torno a la Societé Financière pour L'industrie au Mexique, que compitió con la organización Rothschild y los intereses alemanes en México. Porfirio Díaz vislumbraba la necesidad de importar capital para las obras de infraestructura y que fungiera como un banco de emisión, prestamista del gobierno y empresas privadas. El papel de los alsacianos es muy singular, pues se trata de un grupo de origen judío, modernizados, urbanos e individualistas. Sus manifestaciones religiosas fueron muy discretas pues sabían que en esos momentos perduraba cierto antisemitismo y la identidad francesa era más fuerte que ese rasgo religioso. 3
El liberalismo económico fue favorable a la inmigración de grupos que en otros tiempos se les hubiera negado la entrada a México, en especial el caso de los judíos franceses como Eduard Noetzlin, quien era representante de la Societé Financiare, y quien luego dirigiera el Banco Nacional de México. Aunque los ferrocarriles eran el domino de estadounidenses y británicos, Robert Simon y su socio Ernest Cassel participaron en el Ferrocarril Central y fueron accionistas del Banco Occidental, con sede en Mazatlán. Noetzlin fue figura clave en los acuerdos financieros entre Francia y México. Después del establecimiento del Banco Nacional regresó a Francia para dirigir la oficina de la organización en París, dejando a cargo en México a varios socios, todos ellos judíos franceses. 4


Grandes almacenes

Otros accionistas del Banco Nacional de México eran los hermanos Jules, Joseph y Henri Tron, quienes se iniciaron en los negocios en la Ciudad de México estableciendo varios "cajones de ropa". Desde la década de 1860 estos negocios se localizaban en el Portal de Flores, cuyo dueño era el señor Gassier, quien se asoció a otros comerciantes como Reynaud, Tron y Leautaud. Dicha compañía se llamaba hacia 1873 Tron y Cía. Se decidió entonces crear un gran almacén. Este edificio se localizaba en la calle de San Bernardo y fue proyectado por los arquitectos Ignacio y Lorenzo de la Hidalga. Su novedosa estructura de acero, contigua a los palacios virreinales llegaron al público a denominarla como un palacio de hierro. Con su fastuosa inauguración en 1891 se ligó con la arquitectura y la vida de la Ciudad de México. Hacia 1893 los almacenes establecieron la política de precios fijos y cambiaron su denominación a Sociedad Anónima, ampliaron el edificio e inauguraron un taller de confección. Pese a diversas vicisitudes (el incendio del edificio en 1911) y al movimiento revolucionario, en 1921 se inaugura el nuevo edificio en la calle de 5 de febrero, con decoración Art Nouveau a cargo del arquitecto Paul Dubois y ampliado nuevamente en 1925. 5
Los comerciantes franceses en la ciudad de México aprovecharon el prestigio de los espacios de la época virreinal para dar valor agregado a sus negocios. En el cruce de las calles de Plateros y Del Espíritu Santo (hoy Isabel La Católica) se edificó una obra de filigrana que más parece un jugueteo francés: se trata de la joyería La Esmeralda, fundada desde 1864 por David Ziggy y luego legada a la familia Bloch. El edificio emuló a las mansiones parisinas, aderezándose con manadas, un reloj y estucos en los interiores. La familia Zivy también administraba la cristalería La Parisiense y el restaurante del Hotel Iturbide, con muebles producidos por ellos. Al final de la calle de San Francisco se estableció el Jokey Club, cuyo presidente era el hijo de judíos franceses José Ives Limantour y su vocal el banquero francés Louis Lavie. En los cómodos sillones del club se podía leer en francés, en las páginas del periódico publicado por Max Athénosy, "L’Écho français: journal hebdomadaire politique, littéraire et financier" desde 1904. 6


Ernest Pugibet

El monopolio estatal de la fabricación y venta de cigarros durante la época colonial pasó a manos de empresarios durante las convulsiones del siglo XIX. Uno de ellos fue el francés Ernest Pugibet (1855-1915). Pugibet conoció en Cuba el cultivo del tabaco y las técnicas de fabricación de cigarros. En 1884 estableció en México la pequeña fábrica de cigarros El Buen Tono, cuya producción él distribuía personalmente. Más tarde introdujo máquinas engargolados, reorganizó la planta y constituyó una sociedad don aportaciones de capitalistas mexicanos y franceses. Fue notable innovador en la publicidad de sus productos y llegó a utilizar medios tales como globos y un dirigible, siendo uno de los primeros en patrocinar historietas. Junto con Felipe Suberbié y otros inversionistas, adquirió la Cervecería Moctezuma. Participó en al fundación de la Compañía Nacional Mexicana de Dinamita y Explosivos, fue accionista y consejero del Banco Nacional de México, de la fábrica de tejidos San Ildefonso, del Ferrocarril Monte Alto y de El Palacio de Hierro. Donó el templo de Nuestra Señora de Guadalupe en el Barrio de San Juan para los trabajadores de la fábrica de El Buen Tono, diseñada por el ingeniero Miguel Ángel de Quevedo en 1912. 7


Los Barelonnettes

En una aislada región de Francia, cerca de los Alpes se encuentra la villa de Barcelonnette. Desde 1821 algunos inmigrantes dieron noticias entusiastas sobre las oportunidades de progreso en México. Con ello se iniciaron varias oleadas de inmigración, una de las más significativas fue entre 1867 y 1871. Una característica peculiar de este grupo es la fuerte identidad de grupo que se mantuvo en esta aislada región ajena a los señores feudales y la corte de París, pero dedicada a la producción de lana y al comercio regional.
Los primeros colonos mantuvieron principios individualistas y liberales, por lo cual se aliaron al partido de Juárez y contribuyeron a la difusión de las ideas liberales en sus periódicos. Esta posición les permitió comprar bienes desamortizados por las Leyes de Reforma, aumentando la base de su capital, como fue el caso de la familia Limantour.
Como todo grupo étnico hermético y endogámico mantuvo fuertes lazos de solidaridad y acumulación de capital, que en parte regresó a Francia. Su actividad comercial en México se concentró primero en la compra-venta de textiles, ubicándose en el corredor Veracruz, Orizaba, Puebla y México. De las 46 tiendas al menudeo que poseían en 1846, pasaron a manejar 118 en 1889. Ls compras en bloque, la reinversión y el ambiente favorable del Porfiriato llevaron a los Barcelonnettes a establecer un imperio comercial, cuyas familias más destacadas eran los Arnaud, Caire, Jauffred y Derbez. Entre 1890 y 1900 expandieron sus negocios para fundar los almacenes departamentales Las Fábricas Universales, El Centro Mercantil y El Correo Francés, entre otros. Leon Signoret y Leon Honnorat establecieron El Puerto de Veracruz, en la esquina de Monterilla y Capuchinas. Para 1910 contaban con 214 casas comerciales repartidas en 23 estados de la República y establecieron una línea marítima con Francia.
El éxito comercial de los Barcelonnettes les permitió incursionar en la industria, fundando fábricas de hilados y tejidos, como la Compañía Industrial San Ildefonso, la Manufacturera Veracruzana y la fábrica de Río Blanco. 8

1. Martínez Montiel, Luz María y Araceli Reynoso Medina, "La inmigración europea y asiática, siglos XIX y XX, en Simbiosis de Culturas, FCE, México, 1993, p. 319-336.
2. González, Luis, "El liberalismo triunfante", en Historia General de México, El Colegio de México, 2000, p. 678-681.
3. Krausse, Corinne, Los judíos en México, Universidad Iberoamericana, México, 1987. p.73.
4. Krausse, op. cit., p. 69. 
5. Martinez Gutierrez, Bertha Patricia, El palacio de hierro: arranque de la modernidad arquitectónica en la Ciudad de México, Tesis de Maestría en Historia del Arte-UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, 2005. 
6. Krausse, op. cit., p 71 y CEMCA. La prensa francesa en México.
7. Pérez Siller, Javier, "Una contribución a la modernidad: la comunidad francesa en la Ciudad de México",  en México-Francia, presencia, influencia, sensibilidad, 2000.
8. Gouy, Patrice, "Peregrinaciones de los Barcelonnettes a México", en Artes de México, vol. 39, p. 62-67.



domingo, 14 de junio de 2015

La Sorpresa y Primavera Unidas

El Gran Almacén de Ropa La Sorpresa y Primavera Unidas, ubicado en la esquina de Alcaicería y 1a calle de Plateros, núms. 7 y 8, era propiedad de A. Fourcade y Goupil. Este elegante establecimiento ofrecía perfumes franceses, telas finas de lino, exquisitas gasas de seda y ropa de algodón, abundando los artículos importados de Europa, con la seguridad de contar con sede en Rue de l’Echiquier 41, Paris 10. 
El almacén ofrecía sus mercancías en cinco departamentos: artículos para amueblar y mantelería; ropa blanca; modas para señoras; uno de encajes, adornos y guantes, y otro especial de artículos religiosos. Estas mercancías también podían enviarse a domicilio. En sus anuncios comerciales de 1891 también encontramos que para entonces ya contaba con teléfono: el número 608.

Esquina de Alcaicería y 1a de Plateros, imagen: Figueroa Domenech 1899.
En 1907, el inmueble fue transformado y modernizado por el arquitecto Hugo Dorner y el ingeniero Luis Bacmeister, con una notable estructura metálica, maravilla de ingeniería, acabado en tan sólo tres meses, satisfaciendo el requerimiento de rapidez y modernidad de los propietarios, además, el nuevo almacén se amplió un piso más para solaz de la exigente clientela. El espacioso edificio tenía 30 metros de frente por 40 metros de fondo, labrado en piedra de cantera y “chiluca”.
Esquina de la calle Madero y Palma. Foto del autor, 2015.
El edificio que se observa en al actualidad es tan sólo una parte, correspondiente a la esquina de Madero y Palma. El edificio contiguo fue demolido por la piqueta ignorante y convertido en un cajón insípido y obtuso. Conserva detalles delicados, como las cartelas y una especie de hornacina, tal vez rescatada del antiguo edificio. Han desaparecido los letreros que corrían debajo de las cornisas, pero sobresale su balcón central y la extraordinaria herrería, mansarda y lucarnas que redondean su estilo neoclásico francés. La excelente cimentación, ingeniería y materiales se reflejan en su prestancia actual, testigo del progreso que hoy se esfuma en nuestro país.
Don Manuel Gutiérrez Nájera evoca las puertas de este establecimiento en su poema a la duquesa Job (una grissette o empleada del mismo), mientras que a José de T. Cuéllar le impresionan los miriñaques vendidos en el connotado negocio. En otras imágenes antiguas se aprecia el frenesí de carruajes y transeúntes que llegan a sus compras. La misma actividad ocurre por la calle en la actualidad, pero sus puertas están cerradas: el poder adquisitivo de los mexicanos de hoy es bajísimo y no logramos imaginar siquiera lo que nuestros bisabuelos vivieron, pero que la barbarie destruyó.

Véase también: Historia del comercio en México

Bibliografía
  • Figueroa Domenech, Guía general descriptiva de la República Mexicana, Barcelona, 1899, vol. I.
  • Paz, Ireneo y José Ma. Tornel, Guía comercial de la Ciudad de México, 1882.
  • Silva Contreras, Mónica, "Arquitectura y materiales modernos: funciones y técnicas internacionales en la ciudad de México, 1900-1910, en INAH, Boletín de monumentos históricos, Tercera época, núm. 22, mayo agosto, 2011.